Michoacán (oficialmente llamado Michoacán de Ocampo) es uno de los treinta y un estados que junto con la Ciudad de México, conforman las treinta y dos entidades federativas de los Estados Unidos Mexicanos.
Colinda con los estados de Colima y Jalisco al noroeste, al norte con los estados de Guanajuato y Querétaro, al este con el Estado de México, al sureste con el estado de Guerrero y al suroeste con el océano Pacífico. Tiene una superficie de 59.928 kilómetros cuadrados aproximadamente.
Se divide en 113 municipios. Su capital es la ciudad de Morelia, antiguamente llamada Valladolid, que lleva su nombre actual en honor a José María Morelos y Pavón, héroe de la independencia de México. Otras localidades importantes son Zamora de Hidalgo, Ciudad Lázaro Cárdenas, Uruapan del Progreso, La Piedad de Cabadas, Apatzingán de la Constitución, Pátzcuaro, Sahuayo de Morelos, Heroica Zitácuaro, Ario de Rosales, Zacapu, Cotija de la Paz, entre otras .La historia de Michoacán se ha estudiado por vestigios arqueológicos y otros recursos históricos, como la obra literaria Relación de Michoacán, escrita en 1542, y se sabe que los primeros pobladores del estado fueron varias tribus chichimecas que arribaron en diferentes años, y por consiguiente evolucionaron de manera diferente.
Las zonas arqueológicas que se han encontrado en el estado, y que han ayudado a esclarecer la historia del nacimiento y desarrollo de las etnias que dieron herencia y esencia a la configuración cultural de Michoacán, datan del período formativo o preclásico (1500 a. C. a 200 a. C.), del clásico (200 a. C. a 800) y postclásico (800 a 1000), y entre ellos destacan: El Opeño, el Curutarán, La Villita, Tepalcatepec, Apatzingán, Zinapécuaro, Coalcomán, San Felipe de los Alzati, Tzintzuntzan, Tingambato, Pátzcuaro, Zacapu, Uruapan y Tzitzio.
El territorio michoacano estuvo habitado por los purépechas que se desarrollaron como una cultura dominante e impusieron su hegemonía económica, religiosa, militar y cultural a las demás etnias que también habitaban la región, como los nahuas, otomíes, matlatzincas o pirindas y tecos. En la región, se hablaba además del idioma tarasco o purépecha, las lenguas coacomeca, xilotlazinca, colimote, pirinda, mazahua, sayulteco, náhuatl y teca.
En la actualidad los pobladores nativos de estas tierras se dan el mismo nombre que a su lengua: purhépecha, aunque también se les conoce como tarascos.
Purépechas o michhuaques[editar]
En el siglo XIV el irecha ("señor de innumerables pueblos"; Caltzontzin, en idioma náhuatl) Tariácuri ("sacerdote del viento"), sometió a los distintos grupos en nombre del dios Curicaueri y logró consolidar la situación política, social y religiosa del señorío. A su muerte dividió sus dominios en tres señoríos:
- Pasquaro (Pátzcuaro –como se escribe en la actualidad– el nombre con el que aparece en la Relación de Michoacán es Tzacapu-Hamucutin-Pasquaro, "el lugar donde están las piedras a la entrada de donde se hace la negrura", por lo que se le conoce mitológicamente como "La Puerta del Cielo"), que recibió su hijo Hiquíngare.
- Coyuacan, en náhuatl –Ihuatzio, en lengua michhuaque– ("Lugar de coyotes"), para su sobrino Hiripan, y
- Tsintsintzan (Tzintzuntzan en la actualidad –"lugar donde está el templo del dios colibrí mensajero"–), para otro de sus sobrinos, Tangaxuán.6
Cuando los mexica, al mando de Axayácatl, intentaron invadir Michoacán, los tres señoríos se aliaron para defenderse bajo el mando del señor de Tzintzuntzan, Tzitzispandácuare, hijo de Tangaxuán I y lograron rechazarlos.
A la llegada de los españoles a Tenochtitlan, era irecha Zuanga, hijo de Tzitzispandácuare, a quien le sucedió Tangaxuán II, último rey de los michhuaques o p'urhépechas.
Colonia española[editar]
Cristóbal de Olid fue el primer español en llegar a Michoacán, y consiguió que Zuanga aceptara a Carlos I, manteniendo el cargo de rey de los purépechas. Tzintzuntzan, capital del imperio, recibió el título de ciudad, un escudo de armas y una sede episcopal. Poco después, Nuño de Guzmán, integrante de la Primera Audiencia, desconoció estos reales acuerdos y eliminó a Tangaxuán II y levantó en armas al indignado pueblo.
Enterado Carlos I, comisionó al abogado y humanista Vasco de Quiroga como miembro de la Segunda Audiencia, y éste y los misioneros franciscanos y agustinos lograron calmar la situación. En el año 1538 fue nombrado obispo.
Llamado Tata Vasco por los michoacanos, Vasco de Quiroga construyó escuelas y hospitales y ayudó a mejorar técnicamente las distintas artesanías purépechas. En Tiripetío fundó la Primera Casa de Altos Estudios en América, bajo la rectoría de fray Alonso de la Veracruz.
En los siglos XVI al XVIII, en las dos principales ciudades, Tzintzuntzan y Pátzcuaro, se levantaron conventos y construcciones civiles. Se inició la explotación minera en Angangueo, y se desarrolló la ganadería en Tlalpujahua, Inguarán y Real del Espíritu Santo.
A finales del siglo XVIII, la influencia de las corrientes filosóficas europeas se dejó sentir en Michoacán. En los colegios jesuitas se estudiaba la ciencia y la filosofía moderna: las ideas de Descartes, Bacon, Copérnico, Newton, La Condamine, Galileo, Kepler, Torricelli y otros eran vistas con simpatía, hasta que Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas en 1767.
José Antonio Pérez Calama, egresado de la Universidad de Salamanca, y Benito Díaz de Gamarra mantuvieron las ideas de la Ilustración, hasta la caída de Carlos IV, derrotado por Napoleón Bonaparte, quien le obligó a abdicar en favor de su hermano José Bonaparte.
Miguel Hidalgo y Costilla, cura criollo de Valladolid, fue quien llamó a la lucha, el 15 de septiembre de 1810, en Guanajuato, levantando en armas a españoles, criollos, mestizos, mulatos e indígenas, para combatir al ejército realista, llamada que llegó a Michoacán dos días después.
El 19 de octubre de 1810, se publicó el decreto que abolía la esclavitud en México, y el 19 de agosto de 1811 la Suprema Junta Nacional Americana emitió el llamado Manifiesto a la Nación.
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